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Experiencia I: Apocalipsis

El tecnocentrismo

En un esfuerzo por maximizar la eficiencia de la sociedad, los gobiernos han implementado reformas radicales en la educación, eliminando el estudios de las humanidades, el arte, la filosofía y la literatura de las escuelas y universidades. Bajo el lema de "lo útil es lo único necesario", las disciplinas científicas y tecnológicas, como la ingeniería, la informática y las ciencias políticas, se han convertido en el eje central de la educación y la formación profesional.

La idea de los gobiernos es que todo lo que no contribuya directamente al avance económico y tecnológico es prescindible, e incluso perjudicial para la sociedad.

Este enfoque, aunque aparentemente lógico desde un punto de vista económico, ha conducido a una crisis mucho más profunda: una desconexión total de la humanidad consigo misma.

La creatividad, imaginación y reflexión han sido remplazadas por la productividad y la eficiencia. Aunque podríamos creer que la sociedad se encuentra ahora unida por un objetivo común, la pérdida de la individualidad conlleva a nuestra sociedad a un consumismo sin alma, una sociedad completamente sumida en la rutina y la mecanización.

El autoconocimiento se ha visto completamente truncado por la falta de herramientas necesarias para su exploración, tales como el vocabulario y el pensamiento propio y crítico, condenando a nuestra sociedad a la apatía y al crecimiento exponencial de las enfermedades de salud mental.

Las artes, que históricamente han sido vehículo de crítica social y de reflexión sobre los valores humanos, ya no existen. En efecto, las revueltas y manifestaciones son cosa del pasado, situación que contenta a los gobiernos, pero, ¿a qué precio?. La sociedad, cubierta por una nube oscura y densa de deshumanización, ya no tiene escapatoria: la muerte del arte es una realidad. La muerte del "ser humano" también lo es. Pero, entonces, ¿Quién escribe este periódico?

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